¿A que esperamos?

A veces esperamos a otro momento para vivir. A un mejor día, semana, mes, año… “ahora no”, nos decimos a veces. Tanta es la fe en que domos inmortales, que todo lo dejamos para luego.

En ocasiones, casi siempre, el destino o lo que sea, nos manda advertencias, para que empecemos HOY…

En el barrio hay una pastelería, que dirige una señora encantadora de unos 65 años. Hace unas tartas buenísimas. Desde el primer día que fui, le tuve que regalar el libro de recetas de mi abuela Pastora, y allí lo tiene en primera fila, para enseñárselo a todos los que pasan.

Es viuda, y la vida le acercó a un catalán que le ayuda desde hace ya más de 4 años en el local. La historia de ellos es preciosa, pero es otra historia. Quizás para otro día.

Él sirve las bebidas y atiende las mesas con una educación y cortesía exageradas. Verlo servir una taza de té, es insipirador.

Ella hace los pasteles, y explica con detalle cuales recomienda, de qué está hecho cada uno y en ocasiones, el origen de cada tarta. No sólo es un placer ir a desayunar allí por lo que se come, sino que el ambiente y ellos dos, hacen de su local un lugar tremendamente acogedor.

Las conversaciones con Manolo y Lucía, son de todo tipo. Pero casi siempre sacan el tema de sus ganas (de él) de jubilarse, harto ya de trabajar hasta tan avanzada edad (aunque par nada son tan mayores como se piensan). Y es que realmente ser autónomos y llevar ese ritmo para conseguir que su pastelería funcione, requiere de mucha energía!
Ella se resigna. Tambien debe de jubilarse, aunque en los ojos, y en alguna palabra que se le escapa, se le nota que si su cuerpo le ayudara, seguiría haciendo pasteles para siempre.

Un poco por ella, y dos por él, desde octubre del año pasado, tienen un cartel en la puerta que dice: “se traspasa”. El cartel es mas pequeño de lo que él querría, pero bastante mas grande de lo que Lucía habría deseado.
Al principio no se interesaba mucha gente, y cuanto mas tiempo pasaba, mas pronunciados eran los discursos de Manolo:
– Yo ya es que no puedo más. Tengo la caña de pescar aparcada en casa, y ni la he estrenado aún. Es que nosotros no estamos ya para estos trotes. Si no conseguimos traspasar el local, pues fuera!, lo cerramos y a vivir!!

Y también se le contagiaba a Lucía:
-Piensa que sólo descansamos un día en semana. Y de resto estamos cada día de 9 a 20. Cada día. Y me duelen las piernas ya. Yo quiero dejarlo… arrancar otro proyecto mas tranquilo, quizás escribir un libro con todas las anécdotas que nos han pasado aqui…. no se no se…

Con paciencia, y paciencia, llegó Febrero. Y a finales de ese mes, de golpe, aparecieron varios interesados en el traspaso.
Unos tenían ilusión pero no dinero, otros dinero pero no ilusión, y de entre todos, un jueves aparece uno que cumple con los requisitos, y hasta aporta una paga y señal, a la espera de firmar los documentos y formalizarlo todo. Maravilloso! Me cuentan todas estas noticias el viernes, que es cuando fui por allí, y según me dicen, el plan es firmar el miércoles siguiente, y por fin: Jubilados! Que buena noticia, por fin!!! Una alegría tremenda!!!!! Aunque tambien una pena.

Ese día al despedirme, y con el humor negro retiznado heredado de cierta rama de mi familia, le digo a Manolo:

oye Manolo! No seas el típico ahora que lleva no sé cuántos años pensando en jubilarse, y ahora justo que lo tiene casi conseguido, va y se muere! Aguanta un poco, al menos hasta firmar!!!

Sin saber si reirse, o acabar de asustarse, nos despedimos.

Al poco pasé por allí, a saludar como siempre.
-¿Que tal Manolo?
– Ven, ven, pasa por favor. No te vas a creer lo que nos ha pasado.

-Estaba yo haciendo un café para unos clientes, mientras Lucía estaba fuera, en la calle, hablando por teléfono con su gestor, medio nerviosa, acabando de concretar temas del traspaso. No paraba de moverse arriba y abajo frente a la puerta, siempre por la zona donde daba el sol, que a ella le encanta. Yo no le prestaba apenas atención, pero cuando escuché el estruendo, me giré de repente y la busqué con la mirada. No la ví, y salí corriendo hacia la puerta al borde del infarto.

Por el rabillo del ojo, había visto pasar algo rápidamente sobre la acera, y luego un golpe tremendo! Cerré los ojos antes de abrir la puerta, y pensé: que esté bien por favor!

Entonces la escuché: No hay conductor! No hay conductor!

Primero: aaaay!!!, respiré. Estaba bien. Y por otro…. ¿no hay conductor?

Por primera vez en años, el aparcamiento que está justo enfrente de la puerta de nuestro local estaba vacío. Cosa bastante rara en esta zona de la ciudad. Y por ese hueco había entrado una furgoneta a toda velocidad hasta estamparse contra la esquina de nuestra puerta, llevandose a su paso una de las mesas de nuestra terraza y varias sillas, que por fortuna, no estaban ocupadas. El vehículo quedó hecho un acordeón.
Y no había conductor! Eso seguía diciendo Lucía con una cara de sorpresa mayúscula.
También fui a comprobarlo, y efectivamente. No había conductor!!! Al menos no en el coche.

Venía corriendo calle abajo, con cara de entre susto y alegría, un señor que resultó no tener papeles (no ya carnet, sino papeles de ningún tipo) que decía: menos mal! Pensé que me habían robado el coche!!

Se ve que una calle mas arriba, había aparcado para descargar algo, y o bien no puso el freno de mano, o bien falló. La cosa es que atravesó un paso de peatones ( que da a una residencia de ancianos) y se enfiló calle abajo unos 100 metros, hasta que justo en el único hueco sin árboles, ni coches aparcados, el coche se desvió hacia un lado, entrando en la acera, e impactando contra la esquina del portal de Lucía y Manolo.

Lucía está bien. Está bien porque hacía sol en la parte de arriba de la calle y no en la de abajo, por la que pasó el coche, a 30 cm suyo.
Está bien porque no estaba sentada leyendo el periódico, como siempre, sino hablando por teléfono.
Está bien porque……
….

….
Hoy lunes fui junto con Marta a llevarles un regalo para felicitarles por su jubilación. Unas anchoas ( a él, no le gusta el dulce, irónicamente), y unas flores. Y nos los encontramos con media lágrima en el ojo a cada uno.

El dueño del local, no se lo quiere alquilar al comprador.

Fin, de momento.

2 thoughts on “¿A que esperamos?

  1. Muy buena historia!!
    Uno propone y Dios dispone!
    Así dicen…..
    Ojalá finalmente y muy pronto puedan jubilar y cumplir su sueño!!!
    Un saludo cariñoso a Lucía y Manolo desde muy lejos, donde también habemos muchos Manolos y Lucías! y por éso esta historia nos parece tan familiar!!!!

    Like

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s