Los días, los kilómetros, y las energías volaron

Los días, los kilómetros, y las energías volaron casi tan rápido como se van los años una vez pasan. Casi sin darme cuenta estaba ya preparando las cosas para competir en el Hardman a la madrugada siguiente.
No es que no me sintiera preparado mentalmente tras 6 meses de inscrito y 20 días de bicicleta pensando cada día en esta carrera aunque solo fuese por un momento. No es que creyera que no se podía conseguir.
Simplemente pensaba que no. Que no iba a pasar. Desde mi punto de vista todo era imposible y completamente inasequible.

¿Nadar 4km en un lago helado con un neopreno prestado y que me venía pequeño? Pero si sólo lo habíamos hecho una vez, al límite de las fuerzas.

Tampoco recorrer 180km de bici seguidos, sin parar a desayunar dos veces, ni para comer, ni por supuesto para descansar o echar una siesta. Y en sólo siete horas! Eso nunca había estado ni cerca, así que no! Simplemente NO.

Y suponiendo que por algún extraño motivo milagroso, completase la etapa de bicicleta, venía una maratón. ¿Una maratón? La última vez que hice una, fue hace dos años, de montaña, y acabó justo como no hay que acabar una carrera. Cojeando, cansado hasta el extremo y tras haber pasado unas horas de sufrimiento no aceptable. Conclusión: Totalmente inviable.

Yo había renunciado por completo a pensar en la carrera como algo que había que terminar. Quizás la empezaría, pero a la primera oportunidad que tuviese, iba a escapar de esta locura que nada tenía que ver conmigo.

Pero Nicolás estaba con la moral más alta que el techo. Completamente convencido de que la carrera era un puro trámite. Estábamos allí, más en forma que nunca, y habiendo preparado todo tanto como había sido posible.

Él, sin atisbo de dudas, y yo tampoco. Pero convencidos al completo en ideas opuestas sobre lo que iba a suceder al día siguiente. Sin embargo, a pesar de mi naturaleza alegremente pesimista, continué preparando el material y fingiendo que mañana íbamos a hacer un IronMan, con la esperanza de que al menos uno de los dos acabara y no estropear las cosas antes de empezarlas.

Esa tarde no hicimos sino comer (y comer y comer y comer) y preparar una y otra vez las bicis y la equipación. Engrasar la cadena, limpiar las ruedas y los frenos, guardar la comida para la competición en las bolsas que te daba la organización, decidir la ropa que utilizaríamos, ¿pasaríamos frío?, ¿y si llovía?, ¿que íbamos a desayunar?, ¿y antes de meternos al agua íbamos a comer algo?, ¿teníamos aceite para las rozaduras con el neopreno?, ¿donde dejaríamos las zapatillas de correr?, ¿y el dorsal se pone en la parte de delante o atrás de la camiseta? Todo un día dedicado en cuerpo y alma a la carrera del siguiente.

Había que despertarse a las 4.00 am. para desayunar, ir a la salida bien temprano y comenzar la competición. Normalmente la noche antes de este tipo de eventos cuesta dormir, e incluso uno se despierta antes de que suene el despertador, ansioso por empezar el día. Uno se pregunta a sí mismo si lo tiene todo preparado o si se ha olvidado de algún detalle importante. Le recorren la cabeza mil y un pensamientos, dudas, emoción, ganas por empezar, curiosidad por cómo sería, etc… y uno nunca se duerme.
Pero esta vez no ocurría. Caminé aburrido a la tienda de campaña y me metí en el saco de dormir sin mirar atrás, ni pensar ni una sola vez en lo que había preparado ni en la carrera. No tenía ningún tipo de nervios, ni preocupación. Ese tema que iba a ocurrir al día siguiente no iba conmigo. Tenía que claro que yo no iba a participar ni como espectador. Era como si de la carrera se fuese a ocupar otra persona, o bien tenía la certeza de que no iba a suceder.

Pero nos despertamos (más bien se despertó Nico, yo ni escuché las alarmas). Desayunamos con un compañero de Alan, que nos llevaría las cosas en su coche para que nosotros pudiésemos ir en bici sin ir cargados. Tomamos nuestro plato único de los últimos dos días: arroz con patatas y pasta, aderezado con miel, pasas, pan y medio litro de bebida isotónica, mientras escuchábamos las historias de nuestro amigo sobre sus tres participaciones frustradas en el Hardman y otros retos deportivos.

Ya estábamos vestidos, alimentados, y a punto de salir del hostal rumbo a nadar en el lago. Yo me conformaba con no morir helado de camino al punto de salida, y pensando en cómo le iba a decir a Nico que esperaba que tuviese suerte, pero que ese camino hasta completar el IronMan, lo iba a tener que hacer sólo. Que yo ya lo intentaría en otra ocasión, si se daba la circunstancia… pero no veía bien la forma.

Salimos del hostal, e hicimos el oscurísimo camino hasta el club de golf de Killarney en nuestras bicicletas detrás del coche. Ya no podía evitarlo, llevaba 24 horas pensando en todos los motivos por los cuales no era posible completar la carrera, y no podía hablar de otra cosa. Pero no había manera, el señor Adriasola no me hacía maldito el caso. Así que nada, cambiamos de tema, para comentar lo bien que se iba en bicicleta sin alforjas, y hablar sobre el frío que hacía.

Llegamos al punto de salida. Totalmente oscuro. Estábamos allí los primeros. Ni siquiera había colocado las boyas, y no había ninguna bicicleta sobre los soportes en el área de transición, así que nos quedamos un rato haciéndonos los despistados hasta que los que sabían a lo que venían comenzaron a llegar. Primero los atletas más profesionales, con sus bicis/naves espaciales realmente sofisticadas, con sus botellines llenos de líquidos de colores, y sus cascos aerodinámicos. Todos con al menos un tatuaje, y cuádriceps de acero.

Enseguida fue llegando más gente y había que ponerse a trabajar. Colocar la bicicleta en la casilla con tu número (yo el 75 y Nico el 2. La casilla 1 se reserva siempre para el campeón del año pasado, por lo que Nicolás tenía justo al lado al mejor corredor, con la mejor bicicleta…. y eso aunque sólo fuese un poco, imponía. )

Colocamos nuestras bicis, y preparamos las bolsas con el material a recoger en cada transición. Nos pusimos los neoprenos y no sabíamos que mas hacer. Todo el lugar era un hervidero de movimiento. Los atletas iban de un lado al otro, atareados con sus cosas y sus preparativos mientras uno estaba parado contemplando funcionar un mundo al que no pertenece, mientras pensaba ¿pero que hago aquí? ¿como diablos llegué a este momento?.

-En cinco minutos, los atletas al agua!. Escuché por megafonía. ¿pero como al agua? ¿Pero si no había calentado? Y tampoco tenía claro donde estaba la boya, ni a donde había que nadar… bueno bueno… ¿no se puede pedir tiempo muerto? Aún tenía pendientes muchas cosas por hacer antes de morir congelado en un lago terroso.

Mientras caminábamos a la rampa de salida, Nico veía y escuchaba que yo no estaba allí para hacer la carrera, y creo que por primera vez se creyó cuanto de imposible veía yo aquello.

-¿Pero por qué estás preocupado? Se trata de hacer lo que hemos hecho miles de veces, pero ahora!. ¿Acaso no hemos hecho 4km de natación miles de veces? ¿Y no hemos estado 7, 8 y 9 horas sobre una bici pedaleando? ¿Y correr? ¿No estarás asustado de correr? Sólo hay que hacerlo todo seguido. Anda!

– Pero Nico… no ves que….

Me interrumpe Alan, anunciando por megafonía que los dos que venían desde Barcelona en bicicleta estaban a punto de entrar al agua. Todo el mundo nos mira, aplauso general, foto para la prensa…. y al agua.

Sin presión.

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2 thoughts on “Los días, los kilómetros, y las energías volaron

  1. Pero que guapos y profesionales están en esa foto magnífica!!!
    No hay nada como esperar nada para nadar. Eso es lo que te salva Guayasén… Nico lo lleva meditado y no le hace falta un empujón final.
    Una Hardaventure que han realizado con el mejor de los finales.
    Aplausos para ustedes y para todos los amigos que fueron a acompañarlos, animarlos y dejar constancia de todo.
    Besos y a hora a descansar y engordar. Se lo merecen

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  2. Hahaha, que bo! I em vinc a assabentar ara de tant de sofriment. Vinga va, que lo comio’ y lo bailao’ no ho treu ningú. A part, a dia d’avui, ja sabem qui vol repetir i qui és el mandrós. ¡Vamos Killarney! (…2018?)

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