¿Por qué no son 2,200 km away?

Hace ya varias semanas que aprendimos que nuestro viaje no sería de 2,200 km. Y está bien irlo sabiendo desde ahora, que aún hay tiempo de arrepentirnos (eso nunca!) o de prepararnos mejor.

Hasta hoy no he encontrado momento para escribirlo, y aunque este viaje lo hicimos hace tiempo… cada vez que pensaba en las palabras que quería quedasen aquí escritas, mayor contenido se agolpaba en mi cabeza queriendo dejar constancia de los diferentes tipos de cansancios, agotamientos, aprendizajes y sentimientos que tienen lugar durante una travesía de, en principio 116 kilómetros.  

El plan, como comentó Nicho hace un par de entradas, partía de una mala idea, de esas que una pequeña parte de mi cerebro propone, mientras que el resto de masa encefálica espera con todo su ser, que quien lo escuche diga no. Ir a ver a Verónica, en el día de su cumpleaños a su casa, en Palamós, en bici desde Barcelona. Teóricamente eran 7 horas de bicicleta a ritmo suave. Saliendo a las 9 de la mañana, llegaríamos a la hora perfecta de tomar el té en casa de Vero, con un trozo de pastel que habríamos comprado por el camino. Junto con algún detalle para celebrar su cumpleaños, y el día del padre.

La idea en imágenes:

Ahora ya me resulta dificilísimo explicar todo lo ocurrido durante este viaje pero sí que me gustaría dejar el resultado más o menos plasmado de forma que os resulte familiar a todos lo que ocurrió.

A las 8:15 de la mañana, comenzamos las conversaciones Nicho y yo por el móvil, para asegurarnos de la hora de salida y de que teníamos todo previsto, cuando aparece la pregunta obvia: ¿tu te has mirado la ruta?

A media hora de salir de casa, ninguno de los dos sabíamos como ir a Palamós , aunque sí que nos habíamos preocupado de comprobar cómo sería la vuelta (en bus, el último salía a las 18,45, así que íbamos sobradísimos de tiempo).

Consulté google maps, y anoté en un papel la lista de pueblos por los que teníamos que pasar:

Barcelona->Mataró->Arenys->Calella->Malgrat.    Y llegados a Malgrat, se deja de ir por la costa, y se sube hasta Vidreres->LLagostera->Platja d’Aro -> Palamós. Este desvío, se hace porque la carretera de la costa tiene muchísimas curvas y bastante desnivel, por lo que resulta más sencillo el viaje por el interior.

Para no equivocarnos en la bifurcación, anoté en el papel. NO hay que pasar por Lloret de Mar.

Supongo que a estas alturas, ya os podéis imaginar por qué preciso pueblo pasamos. Efectivamente. Por Lloret de Mar. Pero estoy seguro de que no os acercáis ni por un asoma a la ruta que seguimos (quitando pequeños detalles por senderos).

Salimos de Barcelona: todo bien!

LLegamos a Mataró: según lo planeado. Descansito para comer algo y continuamos.

Arenys, Calella…y Malgrat! Un paseo en bici muy agradable, junto a la costa, viendo el mar continuamente y disfrutando de un tiempo espectacular. El único punto en que había que estar atento durante todo el viaje había llegado y ….. tomamos la ruta correcta! Viramos hacia el interior con seguridad y sin dudar ni un segundo nos plantamos en Vidreres. Ya habíamos conseguido la parte difícil del viaje. Estábamos en la parte más interior del mapa que debíamos conquistar, y de ahí a Palamós todo el viaje que quedaba era en dirección este, y con desnivel a nuestro favor. Lo teníamos!

Sin embargo llegamos a La Rotonda.  A la salida de Vidreres, pasamos por una rotonda que nos escupió a una carretera de un desnivel ideal. Una bajada perfecta para poder disfrutar de un rato sobre la bici sin tener que pedalear, y aún así ir a un ritmo más que fantástico. Unos 20 minutos después, de carretera sin bifurcaciones, ni carteles de ningún tipo llegamos a nuestro destino. LLoret de Mar.

Espera, espera…. ¿Lloret de mar? ¿De qué me sonaba ese nombre? ¿Era un pueblo por donde teníamos que pasar? ¿o era el único por el que no teníamos que cruzar?

-Para Nico!, Para!  Me parece que por aquí no es. 

-¿no? Vamos a preguntar a esos dos señores que están allí.

Y desde aquí todo fue confusión. Unos nos enviaban a continuar por la costa, otros ponían los ojos en blanco y decían: ¿Palamós? Eso está lejísimos!, y google maps nos ofrecía dos posibilidades. Continuar por la costa, con un desnivel acumulado de unos 1500 metros adicionales, o bien por el interior que tenía 700 metros de desnivel acumulado. Yo llevaba los motores (los de las piernas y los neuronales) fundidos, y sólo de pensar en 1500 de subida y bajadas me estaba entrando mal cuerpo. Además, ya entonces se nos echaba el tiempo encima y teníamos muy muy justo llegar a tiempo para coger el autobús de vuelta…   Pero claro! no íbamos a volver por donde mismo habíamos venido, claro que no!

Continuamos hasta el pueblo de al lado, y desde allí ya volvimos al interior. Con semejante decisión, acabamos “disfrutando” de lo “mejorcito” de cada tipo de trayecto. Largo y con desnivel! GENIAL!

Y así que así es como acabó el asunto:

150 kilómetros recorridos. Horas y horas de retraso. Desfallecimiento a mitad del camino, y rescate in extremis por parte de la familia de Vero con acogida espectacular: MIL MILLONES DE GRACIAS! Al final fue un día estupendo gracias a vosotros.

Y gracias a este día aprendimos 2 cosas:

->Hay que planificar (mucho) mejor las rutas

->No van a ser 2,200 km, sino rozando los 3,000.

->Antes de entrar en una bajada muy prolongada, hay que estar seguro de que no vas a tener que volver a subirla media hora después!

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